La regla 50/30/20 es un método sencillo y eficaz para elaborar un presupuesto que nos permita planificar, controlar y gestionar nuestros ingresos y gastos, con el fin de alcanzar nuestras metas financieras. Consiste en dividir nuestro ingreso neto mensual (es decir, el que queda después de descontar los impuestos y las deducciones) en tres categorías: necesidades, gastos personales y ahorros

1. Destinar el 50% a las necesidades

Las necesidades son los gastos básicos e inevitables que tenemos que cubrir para vivir, como la vivienda, los alimentos, los servicios públicos, el transporte, la salud y el pago de deudas. Estos gastos deben representar el 50% de nuestro ingreso neto mensual. Por ejemplo, si nuestro ingreso neto mensual es de 4.000.000 de guaraníes, debemos destinar 2.000.000 de guaraníes a cubrir nuestras necesidades.

2. Destinar el 30% a los gastos personales

Los gastos personales son los gastos opcionales y variables que hacemos para satisfacer nuestros gustos y deseos, como el entretenimiento, las salidas, las compras, los viajes, las suscripciones, etc. Estos gastos deben representar el 30% de nuestro ingreso neto mensual. Siguiendo el ejemplo anterior, si nuestro ingreso neto mensual es de 4.000.000 de guaraníes, debemos destinar 1.200.000 de guaraníes a cubrir nuestros gastos personales.

3. Destinar el 20% a los ahorros

Los ahorros son el dinero que reservamos para cumplir nuestras metas financieras a corto, mediano y largo plazo, como crear un fondo de emergencia, comprar una casa, estudiar, jubilarnos, invertir, etc. Estos ahorros deben representar el 20% de nuestro ingreso neto mensual. Continuando con el ejemplo anterior, si nuestro ingreso neto mensual es de 4.000.000 de guaraníes, debemos destinar 800.000 de guaraníes a ahorrar o invertir.

La regla 50/30/20 nos ayuda a tener un equilibrio entre nuestras necesidades, nuestros gastos personales y nuestros ahorros, y a adaptar nuestro presupuesto a nuestra realidad. Sin embargo, esta regla no es rígida ni única, y podemos ajustarla según nuestras circunstancias y prioridades. Lo importante es tener claro cuáles son nuestros ingresos y gastos, y tener un plan para usar nuestro dinero de forma inteligente y responsable.